lunes, 9 de septiembre de 2013
Y una calada, y otra, y un beso, y otra.
¿Sabes? Despues de cada calada que le doy al cigarro me acuerdo de ti. De los besos que te pedía. De mis ganas impacientes de que dieras una calada más, solo una más, para darte ese beso en el cual se queda el sabor en mi boca. Y ahora fumo pensando en todas esas caladas que nos quedan por dar. Si. Los dos. Porque no quiero acabarme el paquete de Lucky Strike sin haberme fumado al menos un cigarro a medias contigo. Y tampoco quiero que sea el último que nos fumamos juntos. Quiero que sean muchos, aunque me enganche, total, también me he enganchado a ti. ¿La diferencia? Que si tu me dejas, me matarás, o más bien, viviré, pero sintiéndome muerta, y él me matará poco a poco. Puedes hacerme más daño tú, que el tabaco. Y es que tienes esa nicotina incrustada en cada beso que me das, que consigues tenerme enganchada como yonkie a la droga. Aun así, aun sabiendo que fumar mata, que tu puedes hacerme daño, aquí estoy. Fumando, queriéndote, y gustándome esta especie de ''tortura'' antes de mi muerte.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)